La fiabilidad de las ruedas de reconocimiento

He asistido como abogado en numerosas ocasiones a ruedas de reconocimiento para tratar de identificar al autor de algún delito. Mi sensación al término de las mismas, invariablemente, siempre ha sido la misma: La forma en que se practican no garantiza la más mínima seguridad en la identificación del verdadero culpable. Tal sensación me produce auténtica desazón cuando la única prueba de cargo existente es precisamente ese reconocimiento en rueda. A veces ocurre que uno, como abogado defensor, conoce con toda seguridad que el autor del hecho no es su defendido sino un familiar próximo del mismo al cual el acusado se niega a delatar. Cuando esto ocurre uno se desespera al ver como la víctima, muchas veces inducida al error por el celo policial (el infierno está empedrado de buenas intenciones) cree reconocer a quien no es el culpable que, inmediatamente, pasa a ser reconocido en la jerga policial “sin ningún género de dudas”. Quizá no me crean si no lo han vivido, pero es así. Tras un dudoso reconocimiento fotográfico se produce un reconocimiento en rueda donde la víctima lejos de reconocer al autor del delito simplemente reconoce a aquel que el día anterior reconoció en los álbumes fotográficos de la policía. No quiero poner ejemplos de mi ejercicio profesional -los tengo y muchos- por eso, si se me permite, les contaré el estado de la cuestión fuera de nuestro país por si, en alguna medida, a alguien se le ocurre repensar nuestro decimonónico sistema de reconocimiento en rueda. En 1981, Jerry Miller un joven de 22 años de edad fue detenido y acusado del secuestro, violación y robo de una mujer en el centro de Chicago. Después de que dos testigos presenciales le reconociesen en una rueda de reconocimiento y de que la víctima lo identificase, fue condenado a 45 años de prisión. En marzo de 2007, sin embargo, el semen que se encontró en la ropa de la víctima fue sometido a las pruebas de ADN y resultó que no pertenecía a él. Su condena fue anulada un mes después, sin embargo, a esas alturas él ya había pasado más de 24 años en prisión. Cuento esta historia ocurrida en los Estados Unidos para no herir susceptibilidades ibéricas con casos como el del tristemente famoso Ricardi. En España se practican reconocimientos en rueda todos los días en la forma y manera que prescribe La ley de Enjuiciamiento Criminal desde que se aprobó allá por 1882 y no es de extrañar que a casi todas las personas a quienes les cuento la forma tosca y primitiva en que se lleva a cabo en España éste reconocimiento en rueda queden estupefactas,

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Las ruedas de reconocimiento, nuestro despacho y “El Mundo”

A la periodista de “El Mundo” le interesó un antiguo post de nuestro despacho sobre las ruedas de reconocimiento y lo obsoletas que resultaban en el S.XXI. Finalmente acabó publicando un artículo en el que nos mencionaba. Gracias Cristina.

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Prisión o libertad en cinco líneas

pantalla de ordenador

No hay para un juez responsabilidad mayor que la de privar de la libertad a un semejante. Sin embargo, para sorpresa de abogados nuevos y del público en general, ocurre que las resoluciones judiciales acordando la prisión o denegando la libertad se cuentan entre las más prodigiosamente breves que suelen dictar nuestros juzgados de instrucción. Así, no son infrecuentes las resoluciones donde la libertad de un ciudadano se decide en diez o doce líneas de formulario estereotipado o de simple corta y pega, cuando no -como en la resolución de la imagen- en unas lamentables cinco líneas.

Si el abogado es nuevo se frotará los ojos asombrado, no dará crédito a lo que ve e interpondrá los correspondientes recursos entre las sonrisas displicentes del ecosistema judicial; afirmarán que es novato y no se darán cuenta de que lo único que ocurre es que aún no está contaminado por las malas prácticas forenses y todavía confía en que las cosas se han de hacer de acuerdo con esos principios que ha estudiado en la facultad de derecho. Prefiero

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